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Críticas

 

 

 

 

Jorge Morrone, del paisaje y la figura, la presencia delicuescente de un interior muy sutil

 


El artista argentino autodidacta Jorge Morrone posee una energía interior muy especial que le conecta con las cosas, los objetos, las personas y los paisajes de manera sutil, yendo más allá de descripciones.


El creador argentino, con exposiciones individuales y colectivas en Argentina y España fundamentalmente, indaga en lo elemental que es la esencia de la composición, eso sí cultivando los detalles, sin pretender caer en un exceso de descripción, buscando expresar lo que esa persona, ese objeto, la fuerza del paisaje o la esencia del mar expresa.


Es decir que no busca hallar el misterio que le rodea, sino expresar, desarrollar las cosas, paisajes y personas que va conociendo, mostrándolas con naturalidad. Y, precisamente, esa naturalidad es la que hace que sus temáticas posean misterio.
Porque el misterio está en la esencia de las cosas. Si nos da a conocer su posición respecto a las personas, también nos comunica sus anhelos, sus deseos, es decir ni más ni menos que su dinámica vital, sus proyectos y temores.


Dicho esto cuanto más profunda es su manera de actuar a nivel descriptivo más ahonda en la actitud sutil y normal de lo que describe.


La realidad en su esencia más pura es la puerta que se nos abre hacia el conocimiento.


Está claro que no quiere envolvernos en un laberinto de sensaciones y explicaciones sin fin, sino que lo que realmente pretende es darnos a conocer que la propia realidad, la naturalidad de esta realidad, que la aproximación sin careta del artista al conocimiento de esta realidad encierra en sí misma una potenciación del misterio que se halla en cualquier circunstancia o lugar per se.


Parece que su obra es un corpus total sin fisuras, pero, a la vez, exhibe la posibilidad de tener en sus composiciones puntos de luz, que se transforman en alegorías simbólicas orientadas para consolidar una realidad mágica que va más allá de la propia realidad física.


Tiene un sexto sentido que le posibilita adentrarse en la definición plástica más oculta de un paisaje, de una forma objetual, de una composición en la que hay personas y paisajes, árboles y esencias mágicas. Buscando, penetrando de manera sutil, palpando su interior, sin menoscabo de cuidar su apariencia y su estética.
El creador argentino se orienta hacia la resolución de enigmas, siendo alegórico, porque gracias a esta puede adentrarse en la explicación de lo que representa sin caer en lo paradójico.

A veces parece que su temática es excesivamente normal, cuando, en realidad, es especial, porque en lo natural, en lo cotidiano está la magia.


En innumerables ocasiones hemos estado meditando frente al sol, en el bosque, o bien entre árboles y arbustos o al lado de la orilla del mar, contemplando los destellos del astro rey en el agua, o bien escuchando como cantan o hablan los pájaros de la zona. Esta sensación de que todo es como siempre, de que todo es maravillosa paz es duradera. Pero, a la vez, existe también un cierto temor a que, de repente, se rompa este idilio y aparezcan las sombras de la fuerza oscura.


Su alegoría es simbólica en su fuero más profundo, icónica, a la vez sugerente, porque no se fundamenta en el poder de análisis de una potenciación de la realidad, sino que sus alegorías suponen basarse en una carga emocional importante, dado que surgen, en ocasiones, del subconsciente y de su yo más profundo.

 


Es un creador que estructura de manera comedida la composición, buscando el punto de equilibrio, centrándola, presentando elementos y objetos, personajes en un todo formado por una obra que es clara, que posee todas sus señas de lectura y que está elaborada según los cánones del buen conocedor de los materiales y técnicas pictóricas que emplea, fundamentalmente, en su trabajo de óleo sobre tela.


Los paisajes, el mar, están ya cargados de una energía mística, de un ambiente que surge de las profundidades del alma de la naturaleza.


En lo sencillo está la descripción del alma de lo que le interesa mostrarnos. Si nos presenta a una mujer desnuda, nos orienta contextualizándola desde su interior.
La descripción de la misma le permite ser coherente, buscando una actitud más profunda que le aproxima a la verdadera definición de lo que tiene que pintar.


Aborda la figura femenina, en ocasiones, desnuda, presentándola con naturalidad, sin forzar, simplemente deja que el espectador la contemple en libertad porque tiene que ser consciente de su gran aportación más allá de la verdad que encierra.
La presencia de la mujer, su desnudez, supone, un cambio de conceptos y nutre a una heroína en tiempos de crisis.


Y lo mismo ocurre con sus otros personajes, bien sean campesinos, indígenas, comerciantes, exploradores, viajantes...


Por eso en lo simple, en la sencillez de mostrar las temáticas descansa la formulación de su complejidad, dotándoles de sentido y permitiéndoles adoptar una actitud de profundidad.

 

 

 

Joan Lluís Montané
Crítico de arte. Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)-

 

 

 

 

  

 

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